Ha publicado los libros de crónicas "Pornografiapura" (2004), "Punga" (2006) y "La puta que me parió" (2009); las novelas "Pendejo" (2007) y "Vida y muerte del doctor Martín Gambarotta" (2011), y los de cuentos "Orden y paria" (2001) y "Un imbécil leyendo a Nietzsche" (2009). Durante años escribió una crónica en el diario La Nación Domingo. Desde 2007 es uno de los editores de La Calabaza del Diablo.
viernes, febrero 24, 2012
El aleph de María Kodama
Hace unos años el escritor argentino Juan Terranova entrevistó a Pablo Katchadjian (1977) para La Tercera, sin saber lo que se vendría más tarde. En aquella ocasión Katchadjian, que también es argentino y editor de la Imprenta Argentina de Poesía (IAP), explicaba cómo había surgido El aleph engordado, uno de sus últimos libros en ese momento: “Un día, de la nada, escribí en mi libreta: ‘Engordar textos –p.ej. El aleph’. Unos meses después empecé a hacerlo. Y fue bastante trabajoso, porque quería permanecer en una posición intermedia al engordar: no ser yo ni tratar de ser Borges, es decir, no perderlo a él ni tampoco a mí”. Antes ya había hecho algo similar con El Martín Fierro ordenado alfabéticamente y pretendía hacer lo mismo con El matadero, de Esteban Echeverría, lo que ponía a Borges, a Hernández y a Echeverría como los fundadores de la literatura argentina.
(Esta columna aparecerá en Revista Punto Final la semana que viene)
Pasaron los años y, si bien los doscientos ejemplares que circularon de El aleph engordado sirvieron para cerrar la etapa de homenajes de Pablo Katchadjian, el curso que siguió su narrativa fue hacia tres novelas muy diferentes: Mucho trabajo (Spiral Jetty), Qué hacer (Bajo la luna) y Gracias (Blatt & Ríos). Desde los títulos se puede apreciar la diferencia. Las críticas a su trabajo fueron buenas y se hizo un nombre tanto en los suplementos literarios como entre sus colegas. Su curioso bigote, como de otra época, le ayudaba además a darle un aspecto más extraño a su figura y por qué no a su literatura.
Hasta aquí todo normal, es decir su historia era la de cualquier escritor que irrumpe. Pero a kilómetros de distancia, María Kodama, la viuda-albacea de Borges, tenía planeado otra cosa para él, un modo de saltar instantáneamente de las páginas culturales a las policiales. Ella y sus abogados luego de demandar a otro escritor el año pasado analizaron el caso de Katchadjian y decidieron hacer lo mismo, pero penalmente en tribunales. La querella se oficializó porque, según la afectada, en el libro no salía en ninguna parte que El aleph había sido escrito por Jorge Luis Borges.
Y aquí surgió lo que podría catalogarse como un ejercicio auténtico de metaliteratura. El aleph engordado propició una serie de acontecimientos que el propio Katchadjian jamás imaginó y que debería agradecer. Primero, eligió a su abogado, Ricardo Strafacce, escritor de varias novelas y de la biografía de Osvaldo Lamborghini; segundo, los testigos seleccionados fueron la intelectual Beatriz Sarlo y el escritor César Aira. En otras palabras, si Pablo Katchadjian pretendía engordar El aleph, este juicio ha sido la mejor manera de completar el ciclo.
La polémica ha sido dura, sobre todo en las páginas de cultura del diario Perfil. Ahí, otro escritor y editor, Damián Tabarovsky, luego de ensalzarlo –“La escritura de Katchadjian, más que joven, es nueva, o al menos logra holgadamente entrelazarse con cierto aire de novedad”– lo defendió a brazo partido, sugiriendo que la única que se ha beneficiando de la obra de Borges ha sido, precisamente, María Kodama, ironizando de paso sobre sus verdaderas motivaciones: “… es falso que no le interese en absoluto la calidad de las ediciones de las Obras completas de Borges –en Emecé y Mondadori– ni la ausencia de aparato crítico ni la fealdad de esos libros; doblemente falso entonces es que sólo le interese la plata y nada más”. Kodama no se quedó callada y en una extensa entrevista explicó sus motivaciones.
Uno podría reflexionar sobre lo que protege exactamente la ley de propiedad intelectual, o si alguien en Argentina desconoce que El aleph lo escribió un señor de apellido Borges, o especular cuántas historias robó en el buen sentido este señor. Borges, dejémoslo claro, jamás hubiera demandado a Pablo Katchadjian; es más, le hubiera agradado el homenaje, porque él también hizo algunos, el más recordado: El quijote, cuestionando eso sí la autoría de Cervantes.
No imagino en qué vaya a terminar esto, aunque secretamente espero que sea con una delirante novela de cualquiera de los involucrados. Hay tres que podrían hacerlo y una que jamás podría.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Archivo del Blog
-
►
2010
(56)
- ► septiembre (5)
-
►
2009
(49)
- ► septiembre (4)
-
►
2008
(47)
- ► septiembre (4)
-
►
2007
(54)
- ► septiembre (4)
-
►
2006
(46)
- ► septiembre (5)
1 comentarios:
interesante nota, sugiero repasar el contexto y mejorar la redacción para hacerlo más entendible..
Publicar un comentario